viernes, abril 14, 2006

ÉRASE UNA VEZ

Érase una vez un hombre solo, ya viejo, que aprendió de lo que leyó, escrito por su hijo. Y lo que mejor aprendió, fue que nada había aprendido sobre él antes de encontrar sus escritos. Lo escrito letras son, palabras también, frases, párrafos y textos completos, pero lo que este hijo escribió es poesía. ¿Por qué nunca pudimos hablar? ¿Por qué nunca me confiaste tus secretos? Sólo ahora, sin saber que buscaba, he encontrado el libro de tu alma en un recóndito lugar que será mi secreto. ¿Cómo hago para que sin que lo sepas lleguemos a saber que los dos conocemos al menso algo mínimo de cada uno? Envidio tu libertad, si yo en los quince al menos hubiera escrito con el corazón y las palabras que vuelan desde ti hacia tantos sitios, si yo hubiera aprendido mejor la dura lección de los sentimientos y no los hubiese escondido. No, pero en esa época los hombres no lloraban. ¿Cuánto he llorado ahora y nunca lo has sabido hijo mío?