VERDADERO AMOR Y EL AMOR QUE MATA (... TAMBIÉN EL ALMA)
-Querida hija mía - dijo -, me gustaría ayudarla. Una vez vino a mí una señora que amaba a un hombre, lo amaba tanto que lo mató. No lo mató ni con un cuchillo ni con veneno sino porque no le daba tregua, lo quería por entero para ella, ansiaba quitárselo al resto del mundo. Pelearon durante mucho tiempo, hasta que un día el hombre se cansó y murió. La mujer lo sabía. El hombre se había ido a causa del agotamiento, de tanto luchar. Hija mía, tiene que saber que existen numerosas fuerzas entre los seres humanos y que las personas se matan unas a otras de muchas formas. No basta con amar, hija mía. El amor puede transformarse en un gran egoísmo. Hay que amar con humildad y tener mucha fe. La vida entera sólo tiene sentido si está animada por la fe. Dios ha dado amor a las personas para que puedan convivir mejor y soportar el mundo. Pero quien ama sin humildad pone una gran carga sobre los hombros del otro. ¿Comprende, hija mía? - me preguntó con dulzura, como el viejo maestro que enseña el abecedario a los niños.
...
Pero, ¿no sabe que Dios nos ha dado a cada uno nuestra propia alma? Un alma llena de secretos, como el universo. ¿Por qué quiere usted averiguar lo que Dios ha ocultado en un alma?
...
Pero hay en su alma, hija mía un ansia que raya en el pecado. Usted quiere privar a un hombre de su alma. Eso es lo que siempre quieren hacer todos los enamorados. Y eso es pecado.
- No sabía que fuera pecado - dije, y tal como estaba, genuflexa, empecé a temblar.
- Cometemos un pecado cada vez que no nos contentamos con lo que el mundo nos ofrece de forma espontánea, con lo que una persona nos da libremente, es pecado siempre que tendemos una mano ávida hasta el secreto de otra persona. ¿Por qué no intenta vivir de una forma más sumisa, con menos exigencias afectivas? El amor, el verdadero amor es paciente, querida hija. El amor es infinito y sabe esperar.
Sándor Márai
La Mujer Justa

